Joven con síndrome Asperger responde a Nicolás Maduro
A mitad de mes, la máxima autoridad nacional en su programa
televisivo utilizó el término “autista” de forma despectiva para
descalificar a líderes opositores. “No. Ellos son autistas. No quieren
ver, escuchar ni hablar. Sencillamente se divorcian del país. Solamente
conspiran. Y crean otra dificultad, y otra dificultad y un malestar”,
expresó el presidente Nicolás Maduro. En ese momento, las reacciones no
se hicieron esperar a través de las redes sociales, en rechazo a estas
declaraciones.
En una misiva enviada a EL IMPULSO, el joven larense de 19 años,
Javier Andrés Molina Rodríguez, quien posee síndrome de Asperger, le
responde a Maduro de forma contundente y reflexiva.
A continuación, el texto:
Reciba un cordial saludo de un conciudadano suyo con síndrome de
Asperger que, pese a poseer esta condición humana, sabe que las únicas
limitaciones existentes están en la mente y en la injustificada dilación
del actuar. Había tardado un tanto en escribirle, porque es parte de
mis principios pensar bien qué voy a decir o hacer para, ni herir
subjetividades, ni sumarme a ese montón que con su accionar errático
solo contribuyen a ridiculizarse a sí mismos y con ellos, al país.
No dirijo esta carta, señor Presidente, ni con ansias de
descalificarle, ni de defender a los alcaldes a quienes usted se refirió
como ya toda la República conoce. Vea estas palabras simplemente como
un llamado de atención civilizado que le hace de muy buena fe un
conciudadano que, al momento de escribir, obedece a la voz de su
conciencia.
A mitad de abril del presente año, al igual que la inmensa masa de
connacionales, leí en la prensa que utilizó el término “autista” en
medio de las lides políticas que a quienes ejercen el papel de
“políticos” en nuestro país, se les respetan. ¡Cuidado! Solo el hecho de
las lides políticas, de la lucha retórica en defensa de principios que
se creen sagrados es respetable y, sabiendo usar el lenguaje en las
mismas, encomiable. Lo que no lo es, radica en el hecho de que muchas
veces no se sabe utilizar el lenguaje. Y recuerde, Presidente, la
lengua, de acuerdo a ese dicho popularísimo, es el castigo del cuerpo.
Es por ello que, esgrimiendo la libertad de expresión que como
ciudadano me confiere la Constitución de la República en su artículo 57,
muy respetuosamente repudio la utilización que usted, quizá por un
arrebato de pasiones internas, quizá por razones que solo usted en su
fuero interno conocerá, hizo del término “autista”. Permítame
ilustrarle, señor Presidente, esperando acepte estas luces que le
suministra un conciudadano suyo que sabe lo que es vivir con una
condición que está dentro del espectro autista. Advierto que, como no se
trata de una larga investigación, no citaré autoridades en la materia,
para que la carta le sea digerible
El autismo, señor Presidente, es una condición con la que se nace,
que se empieza a notar en los primeros años de vida, eso sí, con algunas
dificultades y hasta errores en su diagnóstico, pero que ni impide
hablar, ni escuchar ni ver. Si bien se presentan al principio de la vida
ciertos retrasos en el aprendizaje del habla y otras habilidades, no
quiere decir que estas sean inexistentes, ya que si existe ayuda
especializada, la persona con autismo puede aprender a hablar, mejorar
su atención y, créame, a veces lo hace incluso mejor que aquellos que se
endilgan el calificativo de “normales” como si el mismo fuera un título
de nobleza. Pero, ni impide hablar, ni ver, ni escuchar. Yo, por mi
parte, hablo y logro entender hasta donde la práctica no me exija algo
nuevo: dos idiomas extranjeros y aprendo otros, vale decir, de manera
autodidacta, además de ser incipiente escritor.
El autismo, señor Presidente, no impide ni hablar, ni ver, ni
escuchar, porque ¡¿Quién dijo que para hacer estas funciones es
necesario estar completamente sano?! ¡Hasta los mismos ciegos, hasta los
mismos mudos, hasta los mismos sordos, ven y escuchan mejor que
nosotros quienes, gracias a las circunstancias y a Dios mismo, tenemos
nuestros sentidos óptimos! Además, si se fija en la historia, esa
maestra cuyas lecciones indoblegables tanto ustedes los políticos
utilizan para fines que ustedes conocen, grandes hombres han tenido
condiciones humanas como esta con la que a mí me ha correspondido vivir,
y la misma no les ha impedido ser lo que han sido. Newton, Mozart,
Einstein, Bartók Belá y tantos otros, según investigaciones y
comparaciones que se han hecho a lo largo de los años, ostentaron
condiciones humanas que están dentro del espectro autista… ¿para qué
divagar tanto?… Ostentaron el síndrome de Asperger, y escribo “según
investigaciones”, porque recuerde que de esta condición no se conoce
sino desde la década de 1940 gracias a las apreciaciones hechas por Hans
Asperger, médico y psiquiatra austríaco a quien la condición debe su
nombre, que fue adoptado en 1980. Del autismo se conoce gracias a los
trabajos de Leo Kanner, pero no me permitiré divagar más en teorías las
cuales le recomendaría leyera un poco.
Presidente, ¿qué haría usted si tuviera un familiar autista o con
síndrome de Asperger y de pronto todo su entorno se comenzara a burlar
del mismo o comenzara a atribuirle características que no van con el
mismo autismo? ¿Cómo se sentiría? Le invito a que se haga esas
preguntas, a que las medite, las reflexione y saque sus conclusiones sin
ninguna prisa. Su tiempo, como el de todos, es respetable e inviolable.
El caso es, Señor Presidente, escribiéndolo con el buril de la verdad
afincado sobre el papel, que le escribe un conciudadano que se halla
harto, con todo respeto, de la manera tan procaz como ustedes algunos
políticos que hacen vida en nuestro país, utilizan el lenguaje para
expresar sus ideas. La forma execrable de utilizar, o una grosería o
sesgar el significado de una palabra para referirse al otro, pensando
que con ello sus adeptos crecen. ¡La forma como utilizan las palabras
sin siquiera dignarse a rectificar, por investigación o siquiera en un
diccionario qué diantres significa esa palabra que utilizarán! ¿Cómo
puede permitirse un estadista como usted cometer esos barbarismos? ¿Qué
diría de ustedes los políticos de nuestro país de hoy Marco Tulio
Cicerón si viviera en nuestros tiempos? ¡¿Qué diría el propio maestro
Andrés Bello?! ¡El mismo Bolívar! No lo sabemos.
Pero, reitero, ¡por amor al Dios de nuestros padres! ¡¿Cómo puede
permitirse una figura pública de primer orden hablar de esa forma tan
impropia y deplorable en un hombre que ocupa un puesto como el suyo?!
Me excuso, señor Presidente, por lo largo que pueda haber resultado
esta misiva. Recuerde que la palabra tiene un poder cuyas dimensiones a
veces no sabemos valorar los seres humanos, por muy cultos que
llegáremos a ser. Sin más a qué referir, muy cordialmente.
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