miércoles, 21 de junio de 2017

Comprender al Estudiante con Síndrome de Asperger Orientación para Profesores (util en colegios, universidades, liceos y compañias laborales o en instituciones laborales)

  Comprender al Estudiante con Síndrome de Asperger Orientación para Profesores


A continuación, se describen siete características que definen el síndrome de Asperger, seguidas de sugerencias y estrategias para tratar estos síntomas en la clase.


Karen Williams. Universidad de Michigan.
Centro Médico. Hospital Psiquiátrico para Niños y Adolescentes

NOTA IMPORTANTE
Este artículo se ha reproducido con permiso de la autora en la Página de OASIS (On-line Asperger's Syndrome Information and Support). Las mayoría de las Páginas que han reproducido este artículo han citado su procedencia de OASIS, pero algunas se han apropiado de él sin poner ninguna referencia. Es muy importante compartir los recursos, pero constituye un problema el que muchos lectores no sepan que este artículo forma parte de la Página de OASIS, junto con otros muchos. Después de leer este magnífico artículo que nos ha proporcionado Karen Williams, les sugiero que visiten la Página y utilicen los recursos que allí se ofrecen. Muchas gracias, Barb Kirby.
Le agradecemos a Barb Kirby su permiso para reproducir la traducción de este artículo en nuestra página.
"Comprender al Estudiante con Síndrome de Asperger. Orientación para profesores" por Karen Williams, 1995, FOCUS ON AUTISTIC BEHAVIOR, Vol. 10, No. 2, Copyright, Junio 1995 de PRO-ED, Inc. Reproducido con autorización.
Los niños diagnosticados con el síndrome de Asperger constituyen un reto especial en el medio educativo. Este artículo proporciona a los profesores la descripción de siete características que definen el síndrome de Asperger, además de sugerencias y estrategias para manejar estos síntomas en la clase. La autora ofrece una serie de intervenciones conductuales y académicas basadas en su propia experiencia como profesora de niños con síndrome de Asperger.
POR FAVOR, TOMEN NOTA : Karen Williams me ha permitido generosamente incluir su artículo en la página OASIS. No obstante, su disponibilidad de tiempo es extremadamente reducida y lamenta no poder contestar a preguntas telefónicas, vía e-mail o por escrito. Para que otras familias puedan beneficiarse de su artículo, es esencial que respetemos sus deseos.
Si tiene Vd. alguna pregunta que hacer sobre este tema, le ruego se dirija a mí con toda libertad: Barb Kirby

Los niños diagnosticados con el síndrome de Asperger (AS) constituyen un reto especial en el medio educativo. Al ser normalmente considerados como excéntricos y peculiares por sus compañeros de clase, sus habilidades sociales inapropiadas les hacen a menudo ser "chivos expiatorios". A su "rara" presencia, se le añade cierta torpeza motora y un interés obsesivo por temas extraños. Los niños con AS no entienden bien las relaciones humanas y las reglas sociales convencionales. Su inflexibilidad y su falta de capacidad para aceptar los cambios hace que estas personas se estresen con facilidad y sean emocionalmente vulnerables. Al mismo tiempo, los niños con AS (la mayor parte de los cuales son chicos) poseen una inteligencia media o media-alta y tienen una capacidad de memoria mecánica muy elevada. La concentración exclusiva en sus áreas de interés puede conducir a grandes éxitos en un periodo posterior de su vida.
El síndrome de Asperger se considera un trastorno situado en la parte más alta del espectro autista. Comparando a las personas dentro de este espectro, Van Krevelen (citado por Wing, 1991) observó que los niños autistas de bajo funcionamiento "viven en su propio mundo", mientras que los niños autistas con un nivel alto de funcionamiento "viven en nuestro mundo, pero a su manera" (p.99).
Obviamente, no todos los niños con AS se parecen entre sí. De igual modo que cada niño con AS tiene su propia personalidad única, los síntomas "típicos" del AS se manifiestan de modo diferente en cada una de las personas. En consecuencia, no existe una receta única que se pueda aplicar en clase para todos los niños con AS, al igual que ningún método educativo responde a las necesidades de todos y cada uno de los niños que no están afectados por el AS.
A continuación, se describen siete características que definen el síndrome de Asperger, seguidas de sugerencias y estrategias para tratar estos síntomas en la clase (las intervenciones en las clases están ilustradas con ejemplos basados en mi propia experiencia como profesora en la Escuela del Hospital Psiquiátrico para Niños y Adolescentes del Centro Médico de la Universidad de Michigan). Dichas sugerencias se ofrecen en su sentido más amplio y deben ser adaptadas a las necesidades específicas de cada estudiante con AS.

Insistencia en las rutinas

Los niños con AS se encuentran fácilmente sobrepasados frente a mínimos cambios, son altamente sensibles a los factores ambientales estresantes y a veces actúan de forma ritual. Están ansiosos y tienden a preocuparse de modo obsesivo cuando no saben qué esperar; el estrés, el cansancio y una sobrecarga sensorial les desequilibran fácilmente.

Sugerencias de Programación

Proporcionarles un ambiente predecible y seguro;
Minimizar las transiciones;
Ofrecer una rutina diaria constante: el niño con AS debe entender la rutina diaria y saber lo que le espera, para poder concentrarse en una determinada tarea;
Evitar las sorpresas: preparar al niño minuciosamente y con anticipación frente a actividades especiales, cambios en el horario o cualquier otro cambio en la rutina, por mínimo que sea.
Aliviar su miedo a lo desconocido exponiendo previamente al niño a la nueva actividad, profesor, clase, escuela, campamento o lo que sea tan pronto como sea posible, una vez que se le ha informado del cambio, para prevenir una preocupación obsesiva (por ejemplo, si el niño con AS tiene que cambiar de escuela, debería conocer a su nuevo profesor, darse una vuelta por su nueva escuela y ser informado sobre su nueva rutina antes de que empiece a asistir de modo regular a la nueva escuela. Durante los primeros días, deberían asignársele tareas similares a las de su antigua escuela para que el niño tenga una rutina que le es familiar dentro de su nuevo entorno. El profesor que le reciba podría enterarse de cuáles son sus áreas de especial interés y ofrecer al niño en su primer día de clase libros o actividades relacionadas con estas áreas de interés).

Discapacidad para la Interacción Social

Los niños con AS muestran poca capacidad para comprender reglas sociales complejas; son cándidos; son extremadamente egocéntricos; puede no gustarles el contacto físico; usan un tono de voz monótono o pomposo y poco natural; utilizan la mirada y el lenguaje corporal de modo inapropiado; son poco sensibles y no tienen tacto; malinterpretan las claves sociales; no pueden entender la "distancia social"; poseen poca habilidad para iniciar y sostener conversaciones; tienen un lenguaje bien desarrollado pero su comunicación es pobre; a veces se les pone el mote de "pequeños profesores" por su manera de hablar tan "adulta" y pedante; se aprovechan con facilidad de ellos ( ya que no perciben que los demás, a veces, les mienten o les hacen trampa); y normalmente desean formar parte del mundo social.

Sugerencias de Programación

Proteger al niño frente a intimidaciones y burlas;
En los grupos de mayor edad y cuando la ineptitud social es severa, intentar educar a sus compañeros sobre el niño con AS, describiendo sus problemas sociales como una auténtica discapacidad. Alabar a los compañeros cuando traten al niño con AS con compasión. Esta tarea puede evitar el que le consideren un "chivo expiatorio" y a su vez fomenta la empatía y la tolerancia en el resto de los niños;
Hacer énfasis en las habilidades académicas sobresalientes del niño con AS, mediante situaciones de aprendizaje colectivo en las cuales sus habilidades de lectura, vocabulario, memoria, etc., sean consideradas como algo valioso por sus compañeros y fomenten su aceptación;
La mayoría de los niños con AS quieren tener amigos, pero simplemente no saben cómo interaccionar. Debería enseñárseles a reaccionar frente a las claves sociales, y se les puede proporcionar un repertorio de respuestas para usar en las distintas situaciones sociales. Enseñar al niño qué decir y cómo decirlo. Plantear interacciones a dos y dejarles "hacer teatro". El sentido social de estos niños solamente mejora después de enseñarles una serie de reglas que los demás captan intuitivamente. Un adulto con AS comentó que había aprendido a "imitar el comportamiento humano". Una profesora universitaria con AS explicaba que sus indagaciones para entender las interacciones humanas le hacían sentirse como "una antropóloga proveniente de Marte" (Sacks, 1993, p.112);
Aunque les falta comprensión personal de las emociones de los demás, los niños con AS pueden aprender las respuestas correctas. Cuando han mostrado poco tacto, han insultado o han sido poco sensibles sin ninguna intención por su parte, debe explicárseles porqué su respuesta ha sido incorrecta y cuál hubiera sido la respuesta correcta. Los individuos con AS tienen que aprender las habilidades sociales de un modo intelectual: no poseen intuición o instinto social;
Los estudiantes mayores con AS pueden resultar beneficiados mediante el uso del "sistema del amigo". El profesor puede educar a un compañero sensible y sin discapacidad en relación con la situación del niño con AS y sentarlos a los dos juntos. Este compañero puede cuidar al niño con AS en el autobús, durante los recreos, en los pasillos, etc., e intentar incluirle en las actividades escolares;
Los niños con AS tienden a aislarse; por lo tanto, el profesor debe fomentar su participación con los demás. Promover una socialización activa y limitar el tiempo en que esté aislado y dedicado a sus intereses personales. Por ejemplo, un ayudante del profesor que se siente en la mesa del comedor puede animar al niño con AS a participar en la conversación con sus compañeros, no solamente interesándose por sus opiniones y haciéndole preguntas, sino también reforzando de manera sutil a los demás niños para que hagan lo mismo.

Gama Restringida de Intereses

Los niños con AS tiene preocupaciones excéntricas o fijaciones extrañas e intensas (a veces, coleccionar obsesivamente objetos poco usuales). Tienden a "dar conferencias" constantemente sobre sus áreas de interés; hacen preguntas repetitivas sobre sus intereses; tienen dificultades en expresar ideas; siguen sus propias inclinaciones sin considerar las demandas externas; y a veces, se niegan a aprender nada que no pertenezca a su limitado campo de intereses.

Sugerencias de Programación

No permitir que el niño con AS insista en discutir o hacer preguntas sobre intereses aislados. Limitar su comportamiento delimitando un rato especial cada día para que el niño pueda hablar de lo que le interesa. Por ejemplo: a un niño con AS que estaba obsesionado con los animales y planteaba infinitas preguntas sobre una tortuga que tenían como mascota en clase, se le permitían estas preguntas únicamente durante las pausas. Esto formaba parte de su rutina diaria y aprendió rápidamente a controlarse cuando quería plantear este tipo de preguntas fuera del tiempo establecido;
El uso de un refuerzo positivo dirigido selectivamente a adquirir una determinada conducta correcta es la estrategia crítica para ayudar al niño con AS (Dewey, 1991). Estos niños son muy receptivos a las alabanzas (por ejemplo, en el caso de uno que haga preguntas sin descanso, el profesor puede alabarle siempre que haga una pausa y felicitarle por dejar que los demás hablen). Estos niños deben ser también alabados por comportamientos sociales simples y evidentes que se dan por sabidos en otros niños;
Algunos niños con AS pueden negarse a realizar tareas fuera de sus áreas de interés. Hay que transmitirles que se espera firmemente de ellos que completen su trabajo. El niño con AS tiene que tener muy claro que no es él el que manda y que debe obedecer una serie de reglas específicas. No obstante, hay que hacer la concesión de proporcionarle oportunidades para que desarrolle sus propios intereses;
En el caso de los niños especialmente recalcitrantes, puede ser necesario al principio individualizar todas sus tareas alrededor de sus áreas de interés (por ejemplo, si su interés son los dinosaurios, ofrecerle frases gramaticales , problemas de matemáticas y tareas de lectura y escritura que traten de dinosaurios). Gradualmente, hay que introducir otros temas en las tareas;
A los estudiantes pueden asignárseles tareas que liguen su interés con el tema estudiado. Por ejemplo, en una lección de estudios sociales, a un niño obsesionado con los trenes puede pedírsele que investigue sobre los medios de transporte que usa la gente de su país;
Usar la fijación del niño para ampliar su repertorio de intereses. Por ejemplo, en una lección sobre bosques tropicales, al estudiante con AS que estaba obsesionado con los animales se le pidió no solamente el estudio de los animales tropicales, sino también el estudio del bosque en sí, considerado como la casa de estos animales. De este modo, se sintió motivado para aprender cosas acerca de los habitantes locales, que se veían forzados a abatir el bosque de los animales para poder sobrevivir.

Escasa Concentración

A menudo, los niños con AS no se concentran en su tarea, distraídos por estímulos internos; son muy desorganizados; tienen dificultad en mantener el punto de focalización en las actividades escolares (no tanto debido a su falta de atención, sino a que el punto de focalización es "extraño"; el individuo con AS no puede discernir lo que es relevante (Happe, 1991), por lo tanto su atención se focaliza en estímulos irrelevantes); tienden a retraerse en mundos interiores complejos de una manera mucho más intensa que la típica actitud de "soñar despiertos" y tienen dificultades de aprendizaje en una situación de grupo.

Sugerencias de Programación

Para que el niño con AS sea productivo en clase, debe proporcionársele una exhaustiva reglamentación de la estructura externa. Las tareas deben ser divididas en unidades pequeñas, y debe ofrecérsele una ayuda y una reorientación constantes por parte del profesor;
A los niños con problemas de concentración importantes les suelen resultar útiles las sesiones de trabajo con una duración determinada. Esto les ayuda a organizarse. El trabajo de clase que no se haya terminado dentro de los límites de tiempo asignados (o que se haya realizado de modo descuidado) deberá hacerse durante el tiempo libre del niño (por ejemplo, durante los recreos o durante el tiempo que se utilice para sus áreas de interés). Los niños con AS suelen ser a veces testarudos; necesitan expectativas firmes y un programa estructurado que les muestre que el cumplimiento de las reglas conduce a un refuerzo positivo (este tipo de programa motiva al niño con AS a ser productivo y en consecuencia, aumenta su autoestima y baja su nivel de estrés, ya que se siente competente);
En el caso de estudiantes con AS integrados en escuelas normales, debido a su escasa concentración, su ritmo lento de trabajo y una desorganización importante, puede que sea necesario disminuir la carga de deberes a realizar en casa o proporcionarles un tiempo extra en una clase especial, en la que un profesor de educación especial les pueda proporcionar la estructura adicional que el niño necesita para terminar su trabajo de clase y de casa (algunos niños con AS son tan poco capaces de concentrarse que no se debe estresar a los padres para que pasen varias horas cada noche ayudando a su hijo a terminar los deberes);
Sentar al niño con AS en la primera fila de la clase y hacerle preguntas a menudo para ayudarle a mantener la atención en la lección que se esté impartiendo;
Buscar un signo no verbal (por ejemplo, una palmadita cariñosa en el hombro) para los momentos en que no esté atendiendo;
Si se usa el "sistema del amigo", sentar al amigo del niño cerca de él para que éste le pueda recordar al niño con AS que siga con la tarea o escuche la lección;
El profesor debe intentar de modo activo que el niño con AS abandone sus pensamientos/fantasías internas y se centre en el mundo real. Esto es una batalla constante, ya que el niño se encuentra más cómodo en su mundo interno que en el mundo real. En el caso de los niños de menor edad, debe estructurarse incluso su tiempo de juego libre, ya que tienden a sumergirse de tal modo en juegos de su propia fantasía solitarios y ritualizados que pierden el contacto con la realidad. El fomentar que un niño con AS participe en un juego de mesa con uno o dos compañeros, supervisándolo de cera, no solamente estructura el juego, sino que le proporciona una oportunidad para practicar habilidades sociales.

Escasa Coordinación Motora

Los niños con AS son físicamente patosos y torpes; tienen un modo de andar rígido y torpe; no tienen éxito en los juegos que implican habilidades motoras; y presentan deficiencias de motricidad fina que pueden causar problemas de grafomotricidad, un ritmo de trabajo lento y pueden afectar su capacidad para el dibujo.

Sugerencias de Programación

Enviar al niño con AS a un programa especial de educación física, en el caso en que los problemas de motricidad gruesa sean severos;
Incluir al niño con AS en un en un programa de educación física orientado hacia la salud y el mantenerse en forma, y no en un programa de deportes competitivo;
No obligar al niño a participar en deportes competitivos, ya que su falta de coordinación motora puede crearle frustración y dar lugar a bromas por parte de los miembros del equipo;
Los niños con AS pueden necesitar un programa altamente individualizado, mediante el cual aprendan a escribir, dibujar y copiar en un papel, así como a coordinar su escritura en la pizarra. El profesor debe guiar la mano del niño reiterativamente para formar letras y conectarlas entre sí, dándole al mismo tiempo instrucciones verbales. Una vez que el niño haya memorizado las instrucciones verbales, será capaz de repetírselas a sí mismo para hacer las letras él solo;
Para los niños con AS de menor edad, puede ser útil el que cuenten con un modelo de las letras en papel, para que controlen el tamaño y la uniformidad de las letras que dibujan. Esto también les obliga a tomarse su tiempo para escribir con cuidado;
Cuando se les mande a los alumnos una tarea en un tiempo determinado, no hay que olvidar que el niño con AS escribe más lentamente;
Los estudiantes con AS pueden necesitar más tiempo que el resto para terminar sus exámenes (el realizar estos exámenes en una clase especial puede proporcionarles no solamente más tiempo, sino también la estructura añadida y las directrices del profesor que estos niños necesitan para centrarse en su tarea).

Dificultades Académicas

Los niños con AS poseen un nivel de inteligencia medio o superior a la media, pero les falta pensamiento de alto nivel y habilidades de comprensión. Suelen ser muy literales: sus imágenes son concretas y su capacidad de abstracción pobre. Su estilo de hablar pedante y su impresionante vocabulario da la falsa impresión de que entienden lo que están diciendo, cuando en realidad están simplemente repitiendo de memoria lo que han oído o leído. Es frecuente que el niño con AS posea una excelente memoria mecánica, es decir, el niño puede responder como un vídeo que reproduce una secuencia establecida. Sus habilidades para resolver problemas son escasas.

Sugerencias de Programación

Ofrecerle un programa de aprendizaje académico altamente individualizado, que le permita alcanzar éxitos de forma constante. El niño con AS necesita encontrarse muy motivado para no seguir sus propios impulsos. El aprendizaje ha de ser gratificante y no provocarle ansiedad;
No dar por supuesto que el niño con AS ha entendido algo, simplemente porque es capaz de repetir como un loro lo que ha oído;
Ofrecer explicaciones adicionales y tratar de simplificar los conceptos más abstractos de las lecciones;
Sacar partido de la memoria excepcional de estas personas. El recordar información sobre hechos es con frecuencia su punto fuerte;
Muy a menudo, no entenderán los matices emocionales, la comprensión en múltiples niveles y los problemas de relación tal y como se presentan en las novelas;
Las tareas escritas realizadas por personas con AS son a menudo repetitivas, saltan de un tema a otro y tienen connotaciones de palabras incorrectas. Con frecuencia, estos niños no aprecian la diferencia que existe entre el conocimiento de tipo general y sus propias ideas y por lo tanto, presuponen que el profesor entenderá sus expresiones algunas veces rebuscadas;
Los niños con AS suelen tener un nivel de lectura excelente, pero su comprensión del lenguaje es pobre. No hay que dar por sentado que entienden todo aquello que leen con tanta facilidad;
Su trabajo académico puede tener poca calidad, debido a que el niño con AS no está motivado para hacer esfuerzos en aquellas áreas en las que no está interesado. El profesor debe mostrarle con firmeza que espera de él cierta calidad en su trabajo. Cuando deba realizar un trabajo en un tiempo determinado, no solamente debe terminarlo, sino que debe hacerlo de modo cuidadoso. El niño con AS corregirá el trabajo que haya realizado de modo descuidado durante los recreos o en el tiempo asignado para sus intereses personales.

Vulnerabilidad Emocional

Los niños con síndrome de Asperger son lo suficientemente inteligentes como para competir en un sistema educativo normal, pero a menudo no poseen los recursos emocionales suficientes como para responder a las demandas de la clase. Debido a su falta de flexibilidad, estos niños se estresan con facilidad. Su autoestima es baja, y a menudo son muy autocríticos y no son capaces de permitirse errores. Las personas con AS, especialmente los adolescentes, pueden ser propensos a la depresión (existe información documentada sobre un alto porcentaje de depresiones en adultos con AS). Las reacciones de rabia y los estallidos de cólera suelen ser respuestas frecuentes a su estrés/frustración. Los niños con AS no suelen estar relajados y se encuentran fácilmente superados cuando las cosas no son como deberían de ser, según su punto de vista rígido. Interaccionar con otra gente y responder a las demandas ordinarias de la vida cotidiana puede ser para ellos un esfuerzo continuo y hercúleo.

Sugerencias de Programación

Prevenir los estallidos ofreciéndoles un alto nivel de coherencia. Preparar a estos niños frente a los cambios que se produzcan en la rutina diaria, para aminorar el estrés (ver la sección de "Resistencia al cambio"). Los niños con AS a menudo tienen miedo, se enfadan o se entristecen frente a cambios forzados o inesperados;
Ayudar a los niños a manejarse cuando se sientan superados por el estrés, para prevenir estallidos. Ayudar al niño escribiéndole una lista de pasos muy concretos que tiene que dar cuando se perturba (por ejemplo, 1- Respirar profundamente tres veces; 2- Contar despacio tres veces los dedos de su mano derecha; 3- Decir que quieren ver al profesor de educación especial, etc). Incluir en esta lista un comportamiento ritual con el cual el niño se encuentre a gusto. Anotar estos pasos en una tarjeta, para que el niño la introduzca en su bolsillo y la tenga siempre a mano;
El profesor debe intentar limitar al mínimo que sus emociones negativas se reflejen en su tono de voz. Hay que mantenerse en calma, ser coherente y firme en la relación con el niño con AS, mostrándole claramente sentimientos compasivos y haciendo gala de paciencia. Hans Asperger (1991), el psiquiatra que dio nombre a este síndrome, observó que "el profesor que no entienda que al niño con AS hay que enseñarle cosas aparentemente obvias se sentirá impaciente e irritado" (p.57); No hay que esperar que el niño con AS admita que está triste o deprimido. Del mismo modo que no pueden percibir los sentimientos de los demás, estos niños pueden no ser conscientes de sus propios sentimientos. A menudo, encubren su depresión y niegan sus síntomas;
Los profesores deben estar alerta frente a los cambios de comportamiento que puedan indicar la existencia de una depresión, tales como mayores niveles de desorganización que los usuales, falta de atención y aislamiento; umbral de estrés menor; fatiga crónica; llanto; comentarios sobre el suicidio, etc.. En estos casos, no hay que dar por válido el hecho de que el niño afirme que se encuentra bien.
Hacer un informe sobre dichos síntomas para el terapeuta del niño, o remitirle a un servicio de salud mental para que evalúe su depresión y le asigne un tratamiento, si fuera necesario. Es muy importante que la depresión se diagnostique lo antes posible, debido a que estos niños son generalmente incapaces de valorar sus propias emociones y no pueden por lo tanto buscar consuelo en los demás;
Ser conscientes de que los adolescentes con AS son especialmente proclives a la depresión. Las habilidades sociales son muy valoradas en la adolescencia, y el estudiante con AS se da cuenta de que es diferente de los demás y de que tiene dificultades para establecer relaciones normales. El trabajo académico se vuelve más abstracto, y el adolescente con AS encuentra las tareas que se le asignan cada vez más difíciles y complejas. En cierta ocasión, los profesores observaron que un adolescente con AS ya no lloraba cuando se le daban tareas de matemáticas, y pensaron por lo tanto que estaba aceptando la situación mucho mejor. En realidad, se observó posteriormente un mayor grado de desorganización y una menor productividad en sus deberes de matemáticas, que mostraron que se estaba refugiando cada vez más en su mundo interno para evitar las matemáticas, y por lo tanto, no estaba en absoluto encajando bien la situación;
Es fundamental que los adolescentes con AS que estudian en un entorno normal tengan a un determinado profesor como soporte, con el cual puedan hablar por lo menos una vez al día. Mediante este encuentro diario con el adolescente y con la ayuda de las observaciones que le hagan los demás profesores, este profesor de apoyo podrá valorar si el niño se encuentra bien o no frente a determinada situación;
Tan pronto como aparezcan dificultades de aprendizaje en un área determinada, los niños con AS deben recibir asistencia académica. Estos niños se encuentran fácilmente sobrepasados y reaccionan frente al fracaso de manera mucho más negativa que el resto de los niños;
Los niños con AS que son emocionalmente frágiles pueden necesitar una escuela de educación especial con clases muy estructuradas que les puedan ofrecer un programa académico individualizado. Estos niños necesitan un ambiente de aprendizaje en el cual se sientan competentes y productivos. Por lo tanto, mantenerlos en un entorno académico normalizado, donde no puedan captar determinados conceptos y no sean capaces de realizar sus tareas, solamente sirve para disminuir su autoestima, aumentar su aislamiento y poner las bases para que aparezca una depresión. (En algunos casos, en vez de llevarle a una escuela de educación especial, puede bastar con asignarle al niño un persona de apoyo. Este ayudante le ofrecerá apoyo afectivo, estructura y realimentación constante.)

Los niños con síndrome de Asperger se sienten tan fácilmente superados por la existencia de factores ambientales estresantes y tienen una discapacidad tan profunda para establecer relaciones interpersonales, que no es sorprendente que den una impresión de "vulnerabilidad frágil y comportamiento infantil patético" (Wing, 1981, p.117). Everard (1976) escribió que cuando estos jóvenes se comparan con sus compañeros normales, "se capta de modo instantáneo qué diferentes son y el enorme esfuerzo que han de realizar para vivir en un mundo en el cual no se hacen concesiones y al cual han de acoplarse" (p.2)
Los profesores juegan un papel vital a la hora de ayudar a los niños con AS a negociar con el mundo que les rodea. Debido a que los niños con AS son con mucha frecuencia incapaces de expresar sus miedos y sus angustias, depende de la actuación de determinados adultos a su alrededor el que abandonen la seguridad de sus fantasías interiores y vivan en el mundo exterior. Los profesionales que trabajan con estos jóvenes en las escuelas deben proveerles de la estructura externa , la organización y la estabilidad de la cual carecen. El uso de estrategias de enseñanza creativas con personas que sufren de este síndrome es fundamental, no solamente para facilitar el éxito académico, sino también para ayudarles a sentirse menos alejados de los demás seres humanos y menos sobrepasados por las demandas ordinarias de la vida cotidiana.

Bibliografía

American Psychiatric Association.(1994. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (4th ed.) Washington, DC: Author.
Asperger, H. (1991). Autistic psychopathology in childhood. In U.Frith (Ed.), Autism and Asperger syndrome (pp.37-92). Cambridge,England: Cambridge University Press.
Dewey, M. (1991). Living with Asperger's syndrome. In U.Frith (Ed.), Autism and Asperger syndrome (pp. 184-206). Cambridge:, England: Cambridge Unviersity Press.
Everard, M.P. (1976,July). Mildly autistic young people and their problems. Paper presented at the International Symposium on Autism, St. Gallen, Switzerland.
Happe, F.G.E.(1991). The autobiographical writings of three Asperger syndrome adults: Problems of interpretation and implications for theory. In U.Frith (Ed.), Autism and Asperger Syndrome (pp.207-242). Cambridge, England: Cambridge University Press.
Sacks, O. (1993, December 27). An anthropologist on Mars. The New Yorker , 106- 125.
Wing, L. (1981). Asperger's syndrome: A clinical account. Psychological Medicine 11, 115-129.
Wing, L. (l991). The relationship between Asperger's syndrome and Kanner's autism. In U. Frith (Ed.), Autism and Asperger syndrome (pp. 93-121). Cambridge, England: Cambridge University Press.
Traducción: Cristina Fanlo cfm1@min.es

https://www.asperger.es/articulos_detalle.php?id=150Comprender+al+Estudiante+con+S%EDndrome+de+AspergerOrientaci%F3n+para+Profesores


martes, 16 de mayo de 2017

las ventajas de un aspie en el campo laboral

4 ventajas de trabajar con personas con sindrome de asperger

Cuando se habla de Síndrome de Asperger (Autismo o Trastorno del Espectro Autista) mucha gente cree o ve éste como si fuera una desventaja, las personas a veces no se informan, incluso informándose, hay algunas que lo ven como una discapacidad o enfermedad, cosa que es totalmente errada.

Mi punto en esta entrada es, que el Síndrome de Asperger (Trastorno del Espectro Autista – TEA) me ha dado ventajas con capacidades que las he usado a favor en mis trabajos, y todas las personas dentro del Espectro Autista tienen habilidades para aportar en las empresas.

Por tal motivo les voy a escribir algunas ventajas las cuales los empresarios, gerentes y líderes de empresas deben saber para que tenga ambientes laborales inclusivos y obtengan el potencial de los adultos con Síndrome de Asperger y personas dentro del Espectro Autista.  Como efectivamente está sucediendo en este momento en grandes y valiosas empresas del mundo. A continuación se las menciono:

1) Especialistas y muy dedicados en temas específicos: las personas Asperger, como ya he tocado en otra entrada “3 fortalezas de tener Síndrome de Asperger”, tenemos intereses los cuales nos “obsesionamos mucho” a tal punto de volvernos expertos en esos temas, pero cuando estos intereses son enfocados adecuadamente, somos personas que tenemos una capacidad de dedicar tiempo con concentración y precisión en resolver tareas complejas de mucho detalle de forma muy productiva.  Esto se da en diferentes ocupaciones y profesiones en la que los Asperger nos desempeñamos.

2) Lógica: muchos Asperger tienen cociente intelectual normal y otros arriba de lo normal, independientemente del cociente intelectual, las personas con síndrome de Asperger, somos muy lógicos, esto tiene que ver mucho con la forma de ver las cosas que tenemos los Asperger, y en las empresas se pueden beneficiar de personas que piensan diferente, el Asperger puede conseguir un punto diferente y lógico que enriquecerá la discusión. No quiere decir que sea mejor su punto de vista, pero el equipo de trabajo podrá tener diversidad de opiniones que le darán una mejor toma de desición.

3) Alta capacidad de análisis: esta es una cualidad que tenemos los Asperger, todo lo analizamos, aprendermos a analizar nuestro contexto y relaciones interpersonales, pero en el caso de los trabajos, somos buenos analizando datos, sistemas, gráficos, información estadística, recopilando información, entre otras cosas. No es casual que muchos Asperger tenemos carreras relacionadas con la Ciencia, Ingeniería y la Matemáticas, esto no quiere decir que todos tengan o se inclinen por estas profesiones, pero los Asperger tenemos alta capacidad de análisis independientemente de la carrera. Esta capacidad de análisis hay que incentivarla en todos los niños con síndrome de Asperger y los empleadores les aconsejos aprovechen estas cualidades.

4) Honestidad: este es un punto que tenemos a nuestro favor. Y si los empleadores lo saben aprovechar se beneficiarán mucho, ya que en la mayoría de las empresas, los empleados por tener posiciones políticamente correctas, no suelen decir las cosas como suceden en las empresas. Con esto no estoy diciendo, que los Asperger no deban aprender a manejar esta parte, y ser un poco políticamente correcto, sin embargo, un Asperger siendo políticamente correcto por lo literal, buscará siempre el mayor beneficio de la empresa o compañía donde trabaje, pero recuerda retribuirle y valorarle adecuadamente por su dedicación.

Estos son algunos de las ventajas de trabajar con adultos con Síndrome de Asperger, es posible que trabajes con alguno que sea así, lo importante es que los empresarios, gerentes, y líderes de empresas de todos los tamaños promuevan ambientes inclusivos, que permitan trabajar no solo a los Asperger, sino personas con diferentes condiciones, generando ambientes diversos, productivos y tolerantes.

https://aspergerparaasperger.com/4-ventajas-de-trabajar-con-personas-con-sindrome-de-asperger/

domingo, 14 de mayo de 2017

Como detectar falsas noticias y titulares tipo: “¡Al fin! La cura del Autismo”


Como detectar falsas noticias y titulares tipo: “¡Al fin! La cura del Autismo”

Print Friendly
Estudios recientes han demostrado que emplear la frase “Estudios recientes han demostrado” al inicio de una oración incrementa el interés del lector y la credibilidad del texto.
Piensa un momento la razón por la cual abriste este link, seguro hizo algún efecto cautivante el atrevido encabezado o la bonita imagen (caricaturizada) del cerebro. Ahora que irremediablemente tengo tu atención te invito a reflexionar conmigo sobre la forma en la que hoy se nos presentan contenidos relacionados con la salud, la terapéutica y desarrollo.
Un espacio tan abierto como Internet es una gran oportunidad para que los padres de personas con autismo accedan a contenidos valiosos, informativos y formativos, pero también es una gran oportunidad para que vendedores, pseudocientíficos y charlatanes se hagan de dinero, fama o prestigio a costa de incautos internautas, así es, hoy en día estamos a un clic de la desinformación y la estafa.
Veamos algunos ejemplos de encabezados que en un voraz afán de clics y likes presentan de forma sugerente y altamente imprecisa la información:
“Los robots que aman a los niños con autismo”
 “¡Extracto de Brócoli mejora síntomas de Autismo!”
“Niño se cura del autismo al dejar lácteos y gluten”
“La nueva epidemia que amenaza la humanidad: el autismo”
“Los científicos han “invertido” el autismo en ratones”
“Estudio revela que grasas Omega-3 revierten el autismo en niños”
“El son jarocho es el tratamiento más eficaz en personas autistas”
Quizá, en retrospectiva estos titulares (reales) nos parezcan irrisorios o inverosímiles, pero cuando se nos presentan en forma de <<Trend>>, se viralizan a la menor provocación, y lo que es peor, los padres o profesionales pueden tomar decisiones importantes con base en noticias amarillistas que se basan en estudios preliminares, sesgados, mal interpretados o, lo que es más común, con muestras estadísticamente no significativas y una dudosa colección de datos.
A pesar de la favorable productividad científica que existe hoy en día para entender mejor el espectro del autismo, existen muchos intereses mercadológicos que tergiversan los contenidos, como lectores interesados en el tema debemos aprender a diferenciar la ciencia de la “ciencia Pop”, para así no ceder a priori nuestro sentido común cada vez que algún experto afirme que su terapia está basada en evidencia científica.
Agudizar nuestro sentido crítico y disminuir el prejuicio será la clave, y aquí una muestra de ello:
En 1982 Peters, D.R. PhD y Ceci, S.J. PhD. Realizaron un interesante estudio sobre la publicación de exitosos estudios (<<Peer-review practices of learned journals: the fate of published articles submitted again>>, Behavioral and Brain Science, 5, 1982). Seleccionaron doce artículos publicados en doce famosas revistas de psicología, escritos por miembros de los diez departamentos de psicología más prestigiados de Estados Unidos. Cambiaron los nombres de los autores y las universidades procedentes por nombres inventados y desconocidos. Entonces enviaron los artículos a las mismas revistas que los habían publicado. Solo tres reconocieron los textos, los nueve restantes fueron rechazados por las mismas revistas que los habían publicado antes. Los especialistas y editores que revisaron los artículos aseguraban que estos no reunían los méritos para su publicación.
Si el artículo menciona la palabra Harvard o Stanford seguro es bueno, si viene con gráficas ilegibles e imágenes del cerebro seguro es muy bueno. Esta es la fórmula de la que muchos periódicos y revistas se valen para vender más. Y recientemente podemos ver este fenómeno también en los servicios terapéuticos que se ofertan para personas con Autismo.
Del siguiente cuadro selecciones el término que le dé más confianza o le genere mayor interés:
A mayor complejidad (Innecesaria) en la presentación, mayor atracción, y si lleva el prefijo Neuro seguro será muy efectivo. Ahora bien, de lo que hay tener cuidado no es de las presentaciones novedosas y llenas de parafernalia mercadológica, lo realmente peligroso es que detrás de esto se encuentre un contenido informativo o un servicio vacío, corto, elemental, impreciso, falso, fraudulento o dañino.
Seamos preguntones, críticos e incisivos cuando se trate de información o servicios que van a impactar nuestra toma de decisiones o que tendrán repercusión directa en las personas con autismo.
ACERCA DEL AUTOR:
CARLOS EDUARDO NUÑEZ CONTRERAS
  • Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Guadalajara, Jalisco, México.
  • Especialidad en Psicopatología Infantil por la Universidad Autónoma de Guadalajara, Jalisco, México
  • Certified RDI® Consultant por el Connections Center en Houston, Texas, U.S.A. (Master’s degree)
https://autismodiario.org/2017/05/07/detectar-falsas-noticias-titulares-tipo-al-fin-la-cura-del-autismo/


Los beneficios de aprender Ajedrez



Ajedrez 038 Opt
Los beneficios de aprender Ajedrez
Los beneficios de aprender  Ajedrez
El aprendizaje del ajedrez presenta beneficios  en todas las edades debido a que  reúne características tales que favorece el ejercicio y desarrollo de las aptitudes mentales: concentración de la atención, memoria (asociativa, cognitiva, selectiva, visual), abstracción, razonamiento y  coordinación son sólo algunas de ellas.
Paralelamente, la formación del pensamiento científico es un requisito indispensable del mundo contemporáneo. el ajedrez puede convertirse en un eficaz colaborador de esa formación, aprovechando la capacidad lúdica del ser humano; implica una constante puesta a prueba de hipótesis que deberá verificar o descartar; supone la aplicación de estrategias en función de un objetivo a alcanzar; adquirir la experiencia directa de la relación medios-fines.
Se trata de un juego-ciencia que fomenta los aspectos intelectuales y recreativos de aquellos que lo practican, al tiempo que brinda un marco adecuado para la socialización y para la incorporación de pautas y respeto de normas.
Análisis y Síntesis:
Durante la partida de ajedrez el aprendiz se enfrenta en cada jugada a múltiples alternativas y a la necesidad de contestar a la amenaza del contrario y a plantear a su vez una amenaza al rival. ello hace que deba analizar múltiples alternativas de respuestas y sintetizar cual es la más apropiada, desarrollando a su vez un pensamiento crítico.
Memoria:
Debido a la multiplicidad de alternativas para cada jugada durante una partida de ajedrez y al relativo corto tiempo para escoger la mejor respuesta ,para el ajedrecista la memoria es un aliado muy importante, muchas de las respuestas pueden basarse en la experiencia o el conocimiento del ajedrecista de posiciones similares jugadas o estudiadas en otras partidas.
Empatía
Es imprescindible considerar que hay un “otro” que realiza jugadas para comprender la estrategia del oponente y para anticiparse a sus acciones las cuales hay que observar para poder responder adecuadamente y así ganar la partida.
Resolución de problemas y toma de decisiones
El ajedrez genera responsabilidad en la toma de decisiones, por que remite a hacerse cargo en cada jugada que realiza. durante la partida, el niño enfrenta diferentes problemas para los que debe definir y aplicar una estrategia de solución. como el tiempo es un factor limitante en las partidas de ajedrez deben también tomarse importantes decisiones sobre la estrategia a seguir bajo presión de tiempo.
Socialización
El ajedrez favorece la integración ya que no es importante la edad, ni la nacionalidad, ni el idioma, pueden jugar niños con jóvenes o con personas mayores y no hay que ser un gran jugador para participar en los torneos abiertos.
A nivel personalidad
Fomenta la capacidad organizativa y el equilibrio entre lo racional y lo emocional.
Creatividad e Imaginación
En el ajedrez no es suficiente con responder a las jugadas del oponente o tratar de seguir patrones de jugadas estudiadas o practicadas previamente a fin de lograr ventajas claras sobre el contrincante, el ajedrecista debe imaginar posiciones distintas a la que está presente en el tablero y definir estrategias que le permitan llegar a ellas.
Aceptación de reglas
En el ajedrez se requiere el seguimiento de una serie de reglas cuyo incumplimiento no es aceptable y es penalizado, el niño tampoco puede echarle a nadie la culpa de sus errores ,son sus propias capacidades y acciones las que determinan su desempeño.
Saludo para Todos!

Condicion T.E.A y Empleo ¿un tandem imposible?



Print Friendly
Recuerdo el primer día que fui a clase de párvulos. Las monjas me pusieron en una mesa de cara a la pared y apartado del resto de niños. No sé el por qué, puede ser porque entré sabiendo leer mientras el resto de niños aún no sabían o quizás porque dibujaba demasiado bien para mi corta edad, ni idea.
Pero no voy a hablar de mi infancia, de aquel niño que siempre se quedaba solo en un rincón a la hora del patio, de la discriminación y el mobbing que sufrí en aquella época de mi vida, ni tampoco que tuve que dejar de ir a mis clases de Formación Profesional (FP) a poco de más de un mes de comenzar el primer curso a causa del tremendo pavor que me producían un nutrido grupo de compañeros de clase que me tiraban piedras y me hacían la vida imposible.
Tampoco narraré la experiencia que viví en el servicio militar obligatorio, igual de nefasta que las anteriores etapas, ni lo que vino después; un año y medio en el extranjero lavando platos y sirviendo mesas, supuestamente para aprender idiomas, aunque aquello no fuera más que una mentira que yo mismo me autoimpuse, pues la realidad es que me fui de mi ciudad huyendo de problemas familiares y porque no encontraba mi espacio en ningún lugar.  Lo que quiero contar es lo que sucedió después de volver del extranjero.
Cuando volví de Inglaterra, hice un curso de adultos para sacarme el Graduado Escolar con el fin de hacer el examen de Acceso a la Universidad para Mayores de 25 años. Y sí, lo logré, y en cuatro años, yendo a mi ritmo, a mi manera, logré sacarme la carrera de Psicología.
Después hice un Máster en otra universidad y allí también tuve problemas. Había una asignatura obligatoria: Prácticas de seis meses en una empresa, y era la propia universidad la que buscaba las prácticas a los alumnos.
A los cuatro meses todos mis compañeros ya tenían prácticas remuneradas de becario en diferentes empresas, pero yo no entendía por qué a mí no me daban las prácticas. Pensaba que era porque era demasiado mayor (30 años) para hacer de becario.
Tres meses más tarde, tuve un encontronazo con la directora del Máster y con varios profesores (casualmente familiares de la directora) y al final tuve que buscarme las prácticas de becario por mi cuenta, a través de infojobs. Iba a las entrevistas muy bien vestido y con mucha ilusión, pero ésta se fue difuminando a medida que hacía entrevistas y nadie me quería como becario.
Llegué a hacer MÁS DE UN CENTENAR DE ENTREVISTAS, en serio, pero nadie me aceptaba. Yo no sabía qué pasaba, pues recién licenciado, estudiando un máster, con la motivación por las nubes, con idiomas, siendo educado y con buena presencia, no había manera de encontrar una empresa que me diese una oportunidad para aprender. Tuve suerte por fin, un día que, paradójicamente, me presenté a una entrevista con la motivación por los suelos y rendido de antemano, sin ansiedad, dándome igual lo que sucediese.
Conociendo la dificultad que tenía en las entrevistas y sabiendo que una vez acabadas las prácticas no tenía futuro en aquella empresa, tomé la decisión de ir a lo fácil y me apunté a unas oposiciones de policía (Mosso d’Esquadra).
El Gobierno necesitaba a más de 1.500 candidatos y los únicos requisitos eran los tener la nacionalidad, el Graduado Escolar y el carnet de conducir. La cosa pintaba súper bien: un trabajo para toda la vida, 2.000 euros al mes, más otros 500 euros si decidías hacer un par de días de horas extras y, lo mejor, nunca más tendría que hacer entrevistas. Y es que por aquél entonces yo, inocente que era, pensaba que el trabajo policial era muy digno, un trabajo social para ayudar a las personas y en el que además podría poner en práctica lo aprendido en la universidad por una buena causa.
Me preparé las oposiciones policiales como hice con el acceso a la universidad, de forma autodidacta. La prueba final, una entrevista muy exhaustiva, la entrené repetidas veces y la practiqué a conciencia. El primo de mi ex-novia, la única que he tenido, y a quien conocí gracias a una página web para buscar pareja, era Mosso d’Esquadra, y él fue quien me dijo lo que tenía que decir y qué no decir (sobre todo nada de bromas).
Finalmente, pasé la entrevista por los pelos y conseguí acceder a la Academia de Policía de Barcelona. Y lo que sucedió en aquellos nueve meses en la Academia de Policía, un proceso selectivo en el que el 10% de los opositores serían expulsados al finalizar el curso, lo resumiré rápidamente, y por supuesto sin entrar en los métodos de enseñanza utilizados, ni en la carencia y la desproporción entre las asignaturas que allí se daban, ya que no viene a cuento y no es más que una opinión personal.
A los cuatro meses de curso, un día mi instructor me separó del resto de compañeros y cuando se aseguró de que él y yo nos encontrábamos en soledad, se acercó a mí, pegando la punta de su nariz a la mía, y me grito tres frases a pleno pulmón: “No queremos a gente como usted entre nosotros. Para ser policía se tiene que ser un hijo de puta. Usted no tiene olfato policial“.
Más tarde, cuando ya sólo restaban dos meses para acabar el curso, volvió a la arremetida. Me dijo que yo no iba a aprobar la oposición, que lo tenía muy negro, que ahí no hacía más que perder el tiempo y que, sintiéndolo mucho, lo mejor que podía hacer era irme de allí, abandonar, y que tranquilo, que seguro que encontraría otro trabajo más acorde a mí porque tenía carrera.
En cuanto a los compañeros de mi grupo, pues había de todo, como en todos lados, pero, para variar, también fui víctima de acoso por parte de algunos de mis compañeros, futuros policías, y allí, en ese micromundo ultracompetitivo que no es más que un reflejo de la sociedad que estamos construyendo con nuestro silencio, miedo y egoísmo, todos veían, oían y callaban.
Me perdonaréis, pero no voy a extenderme más en este aspecto, el del mobbing, ¿OK?, porque podría estar aquí hasta mañana. Sólo comentaré que el último día de clase, el día en el que se daban los nombres de los compañeros no aptos para ser policía y serían expulsados, yo no fui nombrado y varios compañeros se quejaron en voz alta: “No es justo que hayan echado a Menganito sólo por dar positivo en un control de alcoholemia y al Claudio lo hayan dejado pasar“.
Las últimas palabras que mi instructor me dijo fueron: “Claudio, es mi deber advertirle que sale de aquí con una cruz, marcado, y le vigilarán con lupa en todo momento, como un taxidermista a una exótica mariposa” (lo del taxidermista y la mariposa, que conste, es de cosecha propia porque me gusta cómo queda, pues de aquél hombre, con una filosofía de vida tan tóxica, no podían salir ese tipo de palabras).
Finalizado el periodo académico, todavía quedaban 12 meses de prácticas como policía, evaluados cuatrimestralmente, y yo fui enviado a la brigada antidisturbios sin haberlo pedido. Pasé tres meses en una furgoneta de fuerte olor a testosterona. Me comporté como una mascota, obedeciendo a todo lo que me decían, siempre con miedo, sobreviviendo. Tuve fortuna y les caí en gracia a un par de compañeros y aprobé aquellos tres primeros meses.
Mi siguiente destino fue el de Seguridad Ciudadana, que no es otro que el de ir todo el santo día con el coche de arriba para abajo, patrullando sin descanso, ojo avizor. Me suspendieron el segundo cuatrimestre sin ningún motivo aparente: jamás un ciudadano se quejó de mí, ni perdí la placa o la pistola, ni me peleé con ningún compañero, ni nada parecido. Simplemente caí mal, no encajaba con el resto de compañeros del grupo al que fui a parar. Me percibían raro, peculiar, como siempre me ha pasado, y lo que es diferente, no sigue las pautas preestablecidas y cuesta comprender suele molestar.
En el tercer y penúltimo cuatrimestre, a los diez meses de prácticas, pese a recibir palmaditas en la espalda por parte del caporal de mi grupo, un día, sin yo esperarlo, recibí una llamada: “tómese dos semanas de vacaciones y después vaya a la comisaría de las Corts, que los del departamento de tal tienen que hablar con usted“, me dijeron…
Y ahí acabó mi aventura policial, de un modo muy injusto e incoherente.
Pregunté por qué se me había expulsado. Mi caporal me contestó que no había pasado los mínimos exigidos, que había una serie de ítems evaluativos y que yo había suspendido algunos ¿Cuáles?, pregunté. Pues ahora del único que me acuerdo es el de conducción de vehículos, me dijo.
Sobre el tema de la conducción haré cuatro incisos:
1). Un domingo que me tocaba trabajar doce horas seguidas, me pusieron a patrullar en coche con un caporal que no había tenido el gusto de conocer con anterioridad. Aquel señor, habiendo sido lo lógico que me hubiera preguntado qué tal me fue en la Academia de Policía y me hubiera dado palabras de aliento y consejos, ya que él era el veterano y yo el novato, hizo todo lo contrario: Se pasó las doce horas sin hablarme, salvo para ordenarme con desgana hacía dónde debía conducir y gritarme de muy malos modos que en todo momento cogiera el volante con ambas manos y no las despegase del mismo, como si estuvieran untadas en cola extra fuerte. Me hizo estacionar el vehículo de modo aleatorio, cuando le venía en gana, más de una veintena de veces durante aquel día. Uno de los sitios que escogió para aparcar era una calle muy empinada, de bajada, en la parte alta del barrio de Gracia, e inevitablemente rocé el coche que había aparcado detrás (no hice abolladura ni nada). Al finalizar la jornada, se bajó del coche y me señaló una pequeña ralladura del coche, casi invisible a menos que te acercases y que no puedo asegurar que ya estuviera anteriormente (de hecho, todos los coches tenían algunas ralladuras y abolladuras), y me dijo: “antes de cambiarse, quiero que me redacte una nota informativa inculpatoria conforme ha rallado el coche”.
Cuando llegué a casa tenía ganas de llorar, de rabia.
2). Trabajando, tuve un accidente de tráfico con el coche patrulla: Un taxista nos dio por detrás, bastante fuerte. Yo no conducía, conducía mi compañero, un veterano. Él se cogió dos meses de baja. Yo también cogí la baja, pero al estar en prácticas, pese al fuerte dolor de cervicales, al segundo día volví al trabajo por miedo. El maldito miedo, que saca lo peor y lo más rastrero de las personas.
3). Un día el sargento de mi grupo me dijo que cogiese una moto para patrullar. Yo hacía más de diez años que no cogía una moto, un ciclomotor que tuve, que no pasaba de los 70 km por hora, y las motos policiales son grandes y los pies no te alcanzan al suelo. Si querían que patrullase con una moto, lo lógico es que antes me hubieran enviado a la Academia de Policía un par de días para hacer prácticas de conducción de moto, ¿no?  Y le dije al sargento la verdad, que no me atrevía a coger la moto, y menos a la velocidad en la que iban algunos compañeros ante un imprevisto. Él tomó nota.
4). El caporal que me suspendió y me notificó la expulsión, tres semanas antes atropelló a una señora mayor y le rompió el fémur. Él y su compañero fueron al hospital a visitar a la señora, con el traje policial bien limpito y planchado, para hacer el paripé, engatusarla y no ser denunciados, por si acaso, pero luego iban riéndose, que si a la vieja ya le valía, que no tenía que haber pasado en rojo, o ámbar, no estaban seguros, y tal. Sí… por desgracia me he dado cuenta que algunas personas son así de falsas e interesadas, y desde luego que no sólo ocurre en el ámbito policial.
Por cierto, otro pequeño detalle: como marca la ley, pedí por escrito el informe de mi expulsión, con el número y la tipología de ítems que suspendí. Los funcionarios que me atendieron se negaron a sellarme la hoja porque me faltaba una fotocopia. Les pedí, por favor, si me podían dejar cinco céntimos para hacer la copia, pero se negaron, los muy cretinos. Entré a la comisaría a las bravas en busca de una fotocopiadora, pero me echaron de allí y me tuve que ir sin una copia firmada para mí. A día de hoy, diez años más tarde, todavía sigo esperando el mentado informe. Llamé incluso por teléfono (debe estar grabada esa conversación, al igual que mi visita a la comisaría) y me dijeron que ya me llegaría, que me esperase. También recurrí al SPC (el Sindicato de Policía de Cataluña), que es el sindicato que pagué religiosamente cada mes. Éstos me dijeron que me llamaría un abogado para estudiar mi caso. La llamada nunca llegó.
Después de la expulsión del cuerpo policial caí en una depresión mayor, la muerte en vida. Cada día, desde que me levantaba hasta que me acostaba, pensaba en maneras distintas de quitarme la vida. No cometí suicidio para no disgustar a mi familia, pero mi percepción de la vida cambió drásticamente. Saqué fuerzas y me di una segunda oportunidad y estudié otro máster. Allí también tuve serios problemas con los compañeros, y yo no entendía por qué. Aquel máster tampoco me valió para encontrar un medio para subsistir. Pasé años intentando encontrar un trabajo, de lo que fuera, pero ya ni siquiera me llamaban para las entrevistas, y cuando alguna vez hubo suerte y pude hacer una entrevista, al final de la misma, venía el inevitable “ya te llamaremos”, pero nunca llamaron. Nunca. El teléfono estaba muerto.
Los años pasaron y yo seguía desempleado, desengañado, hasta que un buen día conseguí un trabajo, un Plan Ocupacional del Ayuntamiento de Barcelona, de 6 meses, de media jornada, que nada tenía que ver con mi formación y experiencia, y una vez finalizado aquel oasis de mentirijilla volví a verme en la calle, sin trabajo.
Seguí luchando como un jabato para encontrar un trabajo, pero infructuosamente.
En mi casa la convivencia era insoportable por mi culpa. Desde siempre me molestó el sonido del televisor, las conversaciones en según qué tono y sobre temas banales, los movimientos, las puertas abiertas, las luces encendidas, cualquier cosa que rompiera la calma que necesitaba cuando la ansiedad me oprimía de tal manera que me costaba respirar, pero por aquel entonces, todo el día metido en casa, tirado en un sofá como un trapo inservible, y con una depresión de caballo, era aún peor.
Mi madre, mi hermana y mi hermano, las otras víctimas de esta historia, pese a ir muy escasos de dinero, finalmente alquilaron un piso y me dejaron solo en casa. Desde entonces cada día voy a casa de mi madre a buscar la comida, la poca que tienen. Vivo con lo básico: techo, comida y agua, nada más. Siempre estoy a oscuras y convivo con mi perro, que es mi único amigo, y con un Síndrome de Diógenes.
Hace un año me llegó una carta de la administración. Me ofrecían un curso de Inserción Laboral para Personas con Discapacidad, de tres meses. Me hizo ilusión. Era una oportunidad. Salí de mi ostracismo.
En aquel curso había compañeros y profesores que habían trabajado anteriormente con personas con autismo y detectaron que yo era diferente, aunque no me lo dijeron por prudencia. En clase estaba tranquilo y me sentía seguro, dentro de todo lo seguro que podía sentirme, pero a la hora de hacer el descanso para tomar el café, pese intentar disimularlo, yo me sentía inseguro y me costaba encajar en el grupo. En esos tres meses también tuve un par berrinches en mitad de la clase. Aprobé todas las asignaturas, pero llegó el momento de hacer prácticas no remuneradas en una empresa que se dedicaba a insertar laboralmente a personas en riesgo de exclusión social; expresidiarios, mujeres maltratadas, parados de larga duración y demás; me expulsaron. No duré ni tres días.
Aquella gente no se molestó en sentarse conmigo para hablar sobre qué hacía mal, qué les molestaba o en qué podía mejorar, simplemente recibí una llamada de la academia en la cual me informaron que en la empresa de prácticas no querían volver a verme, que no querían que volviera a pisar la empresa nunca más. Y yo no entendía por qué me habían echado de aquella manera ni qué había hecho mal. No entendía nada.
En la academia se portaron muy bien conmigo y me dieron una segunda oportunidad. Me comunicaron que podía hacer las prácticas en la misma academia.
Fui expulsado a los cuatro días…
Y yo, otra vez, no entendía el por qué. Expusieron que no podía seguir con las prácticas, que no encajaba allí, que me fijaba en los detalles, pero no veía el todo global, que tenía que buscar ayuda psicológica. Quiero creer que lo hicieron por mi bien, para que tomará conciencia de que algo fuera de lo común me ocurría, pero he llegado a un punto en el que ya no sé qué creer.
Todos mis compañeros aprobaron el curso sin ningún tipo de problema y consiguieron el título. Yo no.
Otra vez en la calle. Excluido. Depresión y ansiedad, compañeras inseparables. Fui al médico de cabecera y me derivo al psiquiatra, que a su vez me derivó a una asociación de autismo. Tras dos meses de pruebas y entrevistas, me dieron el diagnóstico: Nací con un trastorno del espectro del autismo. De repente, como todos aquellos que por desgracia hemos sido diagnosticados tardíamente, en la etapa adulta, entendí todo lo que me había sucedido en la vida desde que tengo uso de razón.
Aún estoy procesándolo. Es reciente. Estoy en manos de psicólogas, psiquiatras, trabajadoras sociales y de los Servicios Sociales, pero sigo igual, sin trabajo, desechado por la sociedad, con una ansiedad que me come desde lo más profundo y mató mi sonrisa.
Me faltan dos dientes y tengo la boca llena de caries. Hace años que no puedo ir al oculista y necesito gafas. Mi vestimenta es de principios de siglo, pues no tengo dinero para comprar ropa. Las suelas de mis zapatillas deportivas desaparecen cada día un poquito más y puedo discernir el dedo gordo a través de mi zapato izquierdo. He estudiado en tres universidades diferentes, pero soy un ciudadano de 4ª en la ciudad que me vio nacer. No recibo ningún tipo de prestación económica por parte de la administración.
En los Servicios Sociales no quieren darme ni una tarjeta de metro, que me sería de gran utilidad si me saliera alguna oferta de trabajo. La única ayuda que recibo son un buen puñado de pastillas, para la depresión y la ansiedad, pero yo sé que mi única cura vendrá de la comprensión, el respeto, la inclusión social y de alguna chica que me quiera como yo a ella la adoraré. Porque las personas con autismo también necesitamos amor y sonrisas.
Soy una persona totalmente transparente, sin segundas intenciones y honesta. No voy con una máscara por la vida. Si algo me gusta o no, se me nota, no lo puedo evitar. No sé llevar máscara, no sé aparentar. Lo que ves es lo que soy. Lo que digo es exactamente lo que quiero decir. Ahora ya sé que muchas personas te pueden decir una cosa, pero en realidad quieren decir todo contrario. También sé que pocas veces muestran su verdadero yo, a menos que vayan borrachas.
Es muy fácil engañarme porque me lo creo todo. Y es que, si me dicen algo, ¿por qué no debería creerlo? No entiendo por qué las personas no se muestran como son.
No entiendo por qué algunos van con muy malas intenciones, por qué compiten en lugar de colaborar, por qué se arrancan las tripas los unos a los otros.
No entiendo su incoherencia ni su falta de lógica y por qué hacen difícil y aburrido lo que es fácil y podría ser divertido.
No entiendo por qué son tan intransigentes y si te desvías de la línea marcada que todos siguen, te miran mal y te llaman loco y se ríen de ti y se apartan, si es que antes no te han saltado a la yugular.
No entiendo por qué no respetan la diversidad y a todas las personas por igual, aunque sean diferentes.
No entiendo por qué las personas con autismo les asustamos tanto y nos excluyen de su forma de vida.
No entiendo que una persona que te sonríe pero que luego le pides que te envíe una invitación de facebook para estar en contacto no lo haga y te pongan excusas tontas.
Las personas con autismo compartimos un modo diferente de sentir y de percibir y procesar la información, pero a la vez somos todos muy diferentes, como las personas normales, que no son todas iguales. Y creo sinceramente que las personas con autismo tenemos mucho que ofrecer a la sociedad, MUCHÍSIMO.
Creo en la diversidad, en el enriquecimiento que ésta nos proporciona a muchos niveles. Creo que podemos aportar ideas nuevas y sanas, muchísimo, de verdad, y no os creáis lo de la falta de empatía, pues es todo lo contrario, os lo aseguro.
Pienso, humildemente, que la sociedad hace mal excluyéndonos y poniéndonos en guetos, y que en su lugar deberían acogernos y querernos, y enriquecerse con nosotros, enriquecernos mutuamente.
Las personas con autismo, pese a los muchos problemas que tenemos en una sociedad que no tiene tiempo para entendernos, tenemos muy buen fondo. Añoramos tener los mismos derechos y las mismas oportunidades que el resto de las personas. Ansiamos ser aceptados y queridos y, por supuesto, también queremos ser felices.
No somos tan distintos después de todo. Pero entiendo que aún hay mucho desconocimiento y cuando algunas personas escuchan la palabra autismo, se asustan y se creen que somos tontos e inferiores, y nada más lejos de la realidad, de verdad. Nosotros, pese a los múltiples obstáculos y los innumerables palos en las ruedas, luchamos cada día.
Sé que voy a tener que poner mucho de mi parte para aparentar ser “normal” y encajar en la sociedad, pero, por favor, dejadnos ser. Aceptarnos, os lo ruego, y ya veréis lo que os podemos ofrecer, que, aunque os parezca raro y diferente, os aseguro que será efectivo.
En este tiempo, desde que he sido diagnosticado, me he encontrado con algún profesional de la salud y del sector social que sólo ha sabido fijarse en la etiqueta sin intentar conocer antes a la persona. Me han llegado incluso a asegurar que una persona con autismo jamás podría trabajar como psicólogo. Y algunos, llenos de prejuicios, te hablan como si fueras corto y otros como si fueras un niño. Por suerte, son los menos, porque también he conocido a muy buenos profesionales, la gran mayoría.
¡Ah! Se me olvidaba. También he sido discriminado por una academia a la que fui para pedir información, sólo por decirles que tenía autismo. Me dio mucha pena y mucha rabia.
Y ya, para rematar, una pequeña queja:
La propia administración discrimina a las personas con autismo.
En los requisitos de varias oposiciones, como las de policía (por eso he contado lo de antes), directamente excluyen a las personas con un trastorno generalizado del desarrollo, poniéndonos a todos en el mismo saco, sin tener ni idea de lo que verdaderamente es una persona en el espectro del autismo. Y la prueba la doy yo, que me pasé nueve meses en la academia de policía, aprobándola, y diez meses trabajando en la calle como policía.
Ya os lo he dicho; me echaron por ser diferente, por no encajar, por no respetarme, por no querer comprenderme ni aceptarme, por PREJUICIOS. Porque podría contar muchas cosas de policías “normales” que pondrían los pelos de punta a cualquiera y siguen trabajando, mientras que, de mí, lo vuelvo a repetir, jamás hubo queja alguna por parte de ningún ciudadano.
En la policía hay diversas funciones y distintos departamentos. Yo podría haber sido muy bueno en algunos departamentos, un crack, porque las personas con autismo somos muy válidas y podemos ser unos verdaderos número uno, igual que muchas personas normales, pero pocas personas están dispuestas a darnos una oportunidad. Y para no ofender injustamente y generalizar, quiero añadir que también conocí a algunos policías, por desgracia los menos, que eran excelentes profesionales, ¡buenísimos!, respetuosos y cordiales, al servicio de las personas, de todas por igual, fueran de la clase social, la orientación sexual o del color que fueran.
Hay una serie, “The bridge“, en la que la protagonista es una policía con autismo. Ya sé que es una serie, sueca para más señas, pero allí están un poco más adelantados en este tema. Aquí todavía hay mucho prejuicio, tópicos y desinformación, comenzando por la administración y los medios de comunicación y acabando por el vecino de al lado.
Yo sólo quiero tener un trabajo que me permita vivir con dignidad y formar parte de la sociedad, por favor.
Y ser feliz, como tú y como todos. ¿Es mucho pedir?
Por Claudio Martínez, abril de 2017

https://autismodiario.org/2017/04/29/autismo-y-empleo-un-tandem-imposible/